jueves, 23 de noviembre de 2017

[Publicación] LA CONSCIENCIA POLÍTICA ES UN HECHO CIENTÍFICO, NO UN PROCESO DE ADOCTRINAMIENTO

Artículo del Movimiento de Vientos del Pueblo



En el ámbito del pensamiento político de izquierda se suscitan varias discusiones en torno a cuál debe ser la labor de las organizaciones que realizan o se plantean un trabajo en los sectores populares. Históricamente y tal vez con más intensidad en la actualidad se contraponen dos visiones radicalmente diferentes sobre ello: la una que argumenta que este trabajo no debe imponer o influir directamente en los procesos de conciencia sino dejar que estos se desarrollen libremente; y otra que manifiesta que la tarea consiste en elevar el nivel de conciencia de los sectores populares a través de un trabajo político específico. Esta es una diferencia no sólo de forma, sino de fondo, que tiene que ver con la concepción desde la cual parten las organizaciones e influye de hecho en el método y estilo de trabajo que desarrollan.

La vía espontánea o seguidista

En la primera visión, es decir en quienes argumentan que no se debe politizar a los sectores populares de una manera directa coinciden dos posiciones diferentes: la oportunista y la seguidista.
En el primer caso nos referimos a las organizaciones reformistas de la izquierda tradicional que no tienen como objetivo desarrollar la conciencia de los sectores populares pero basados en una lógica instrumental, es decir para utilizarlos de acuerdo a sus aspiraciones clientelares y oportunistas.
Estos sectores ven al pueblo como un escalón para trepar a posiciones que les permitan hacer vida económica de la política. Anulan cualquier iniciativa directa de las masas e infunden en ellas una dependencia reivindicativa que permita asegurarlas como un simple número para sus cálculos electorales o como carne de cañón en formas de presión a los gobiernos con los que no logran acuerdos. A través de sus abogados, dirigentes sindicales, asambleístas, funcionarios gubernamentales, sociólogos, curas, etc., ofrecen solucionar ciertas necesidades que generalmente en la práctica no se cumplen, pero que por su supuesta “calificación profesional” se podrían lograr.
Esta posición no difiere de la de las clases dominantes pues mientras más alienación y atraso cultural y político tengan las masas, ellos pueden utilizarlas a su conveniencia. Dividen el trabajo entre los “intelectuales” y políticos y los sectores populares, los primeros son los que toman las decisiones y los segundos los que las aplican, los unos deciden todo y los otros tienen que asistir a marchas que no saben de fondo para qué son, o pegar afiches o hacer labores poco especializadas.

El hecho de que tengan un trabajo en los sectores populares no garantiza de ninguna manera que respondan a sus intereses, pues esa lógica instrumental de carácter oportunista es la que opera de fondo. Incorporan un método y estilo de trabajo burocrático donde las masas no tienen posibilidad de decidir, participar o cuestionar. Simplemente es mantener a los sectores populares en un estado mínimo de conciencia para poder utilizarlas libremente.

En el segundo caso nos referimos especialmente a colectivos que están influenciados por corrientes anarquistas o que no poseen una ideología definida y se construyen bajo una mixtura de vertientes políticas que desembocan en un eclecticismo totalmente inoperante e inofensivo para el poder. Estos grupos argumentan que realizar un trabajo político destinado a elevar el nivel de conciencia en los sectores populares es adoctrinamiento. Si bien generalmente en ellos no opera de fondo una lógica instrumental, el resultado es el mismo que en los grupos oportunistas, pues no le aportan una visión más profunda sobre la realidad a las masas, lo que mantiene constantes las formas de dominación y hegemonía impuestas por el sistema imperante.

Estos grupos se encuentran inspirados en una ideología seguidista que significa que van al mismo ritmo de las amplias masas, sin aportarles decisivamente nada. Son realmente formaciones espontaneístas tanto en su fondo filosófico como en su práctica organizativa. Desprecian el papel de la teoría, del estudio profundo de la sociedad, rinden culto al empirismo más básico desechando el desarrollo de un verdadero plan revolucionario. Ello desemboca en un trabajo primitivo, artesanal, poco preparado que no tiene éxito y desalienta constantemente a personas que pretenden “hacer algo”. Ello no es un hecho casual sino que sirve como legitimación ideológica de su poco compromiso, de su indisciplina e irresponsabilidad, una auto-justificación mediocre que encubre su falta de decisión política para dejar de lado sus privilegios pequeño burgueses.

Se basan en el discurso de la resistencia y no de la revolución, de la defensa y no del ataque, de la creación de “micro espacios” y no de un nuevo poder. Hacen campañas para no consumir ciertos productos pero no atacan la estructura de explotación que los genera; hablan de cambio cultural pero no crean una cultura nueva; hablan de cambiar primero nosotros sin acabar con las condiciones que producen el ser social del capitalismo.
Además caen en lógicas posmodernas que niegan la lucha de clases y exaltan el particularismo, atomizando la lucha a pequeñas esferas desligadas entre sí; así pues surgen los colectivos feministas, ambientalistas, antifascistas, culturalistas, etc., que son fácilmente asimilados por el sistema. Así pues la revolución para estos grupos se convierte en una palabra vaciada de contenido, no resulta ser más que un hobby al que se destina el tiempo libre.

El peligro de estas corrientes es que inducen a la comodidad a muchos jóvenes, los militantes son reemplazados por los activistas en el mejor de los casos, o por una alternatividad que desfallece privilegiando lo individual sobre lo colectivo, lo personal sobre lo grupal. Sin duda hay gente con una motivación de cambiar la sociedad pero que es desgastada y corrompida en estos espacios.
Muchos de estos grupos desaparecen poco tiempo después de constituirse, no poseen una línea política definida ni un plan serio. Varios sólo se plantean “hacer algo” y muchas veces no lo llevan a la práctica, o son arrastrados en ocasiones por el aparataje de la izquierda tradicional. Es un romanticismo pequeño burgués de corte seguidista que rinde culto a la espontaneidad y al seguidismo y que no representa un problema real para el poder y que es ajeno a los sectores populares pues ven a estos como entes extraños, fuera de ellos, a los que “ayudan sin imponer”.

La orientación comunista sobre el trabajo popular

La orientación comunista en el trabajo popular difiere radicalmente de las posiciones explicadas anteriormente, pues su objetivo es realizar una revolución potenciando los procesos de concienciación, organización y lucha de los sectores explotados y oprimidos por el capitalismo.
El capitalismo produce un ser social influenciado directamente por los valores, concepción e intereses del mismo, complementado por una dominación ideológica permanente destinada a tergiversar la realidad y a que las masas normalicen y naturalicen su situación. No realizar un trabajo político en las masas significa hacer directa o indirectamente una apología al sistema. Los detentadores del poder se sienten tranquilos mientras las masas acepten su hegemonía.

Los comunistas sostenemos que para romper ese cerco ideológico de dominación el nivel de conciencia de las masas debe elevarse y que esto no se produce por vía espontánea. Es decir para comprender algo tan complejo como la sociedad hay que estudiarla científicamente. El conocimiento espontáneo, sensorial o la conciencia en sí son procesos que se desarrollan en cada persona, constituyen su primer acercamiento a la realidad y están dados especialmente por la experiencia individual. Esto ocurre siempre, pero si se queda allí no va a darse una explicación de las cosas de una manera más profunda, en ese sentido esa experiencia adquirida debe permitir que elaboremos juicios y conceptos para profundizar nuestro entendimiento de la realidad, es decir una consciencia política, un conocimiento racional, una conciencia para sí, donde se comprenden las causas de las cosas y se puede platear a través de ese conocimiento procesos de transformación de una situación. 

Los comunistas por ello afirmamos la ligazón indisoluble entre teoría y práctica pues se alimentan dialécticamente para provocar un entendimiento mayor. Si las personas se basan simplemente en sus experiencias directas y no recurren a la teoría para explicarlas profundamente no podrán entender por qué ocurren las cosas y actuará simplemente respondiendo a sus necesidades inmediatas y a sus instintos. Por ello para comprender la realidad debe darse un proceso de conocimiento que incluya la teoría como práctica concentrada o experiencia sintetizada pues el conocimiento es un elemento social y no individual únicamente. Es decir para romper el cerco ideológico impuesto por las clases dominantes, el proletariado y los sectores populares deben estudiar cómo funciona la sociedad para comprender la sociedad y luchar por su transformación y ello como tal implica un conocimiento científico.
Si bien la burguesía utiliza y desarrolla (limitadamente) la ciencia en varios campos, en el estudio de lo social no la fomenta pues hacerlo contravendría sus intereses clasistas. Deforma la realidad basada en su aparataje mediático, religioso y educativo ordenado desde una intelectualidad orgánica afín al sistema provocando una ideologización permanente en los sectores populares.
Así pues para romper prácticamente ese cerco ideológico es obvio que se necesita difundir el conocimiento de lo social de una manera profunda en las masas. Pero ello no se logra con frases pomposas o romanticismos descontextualizados, sino con un proceso organizativo que permita ello. Así como la clase dominante genera sus aparatos para ideologizar, los sectores explotados deben generar sus propios elementos organizativos para salirse de esa influencia. Así pues la creación de organizaciones populares debe tener entre sus objetivos fomentar esos procesos de conciencia por más amplias que sean. Sin embargo es necesario que los trabajadores más conscientes provoquen que sus hermanos de clase cumplan con ello, y en ese sentido es innegable la necesidad de una dirección revolucionaria que lo garantice.

El proceso que llevan los comunistas en las masas está orientado a potenciar su conocimiento de la realidad. No es pura y simple ideologización, eso hace la clase dominante y la izquierda oportunista. Los comunistas buscamos que la verdad se devele, que las cosas se entiendan tal y como son, partimos del principio que toda verdad es revolucionaria y por lo tanto ayuda a llegar al comunismo. Entender cómo funciona la sociedad es el golpe más despiadado para la burguesía porque ello permite plantearse la transformación revolucionaria. Existe una diferencias muy grande entre ideologizar o adoctrinar y la búsqueda de la verdad. Por lo tanto no es fanatismo sino elevación del nivel de conciencia.

El marxismo proporciona a través de su método: el materialismo histórico los elementos teóricos y las categorías para comprender la sociedad de manera integral y profunda. Y la difusión y aprehensión de las masas de ese método es fundamental si se quiere revolucionar lo existente. Marx develó de manera científica no sólo como es la sociedad capitalista sino mediante su desarrollo teórico logró establecer los principios y leyes sobre los que se levanta cualquier estructura social.
La forma de llevar a cabo ese entendimiento en las masas funda una metodología anti-burocrática y anti-elitista, pues los comunistas forjan espacios destinados a esa formación política teórica y práctica. Si las masas adquieren mayor conocimiento no serán controladas y utilizadas sino creadoras dinámicas y activas de si destino. El comunista no va como adoctrinador, jefe o profesor, sino que entiende la responsabilidad que conlleva tener ese conocimiento y regarlo en el único terreno fértil: las masas. Además volcán ello a la transformación. Parte de la reflexión, de los hechos concretos, de las aspiraciones y necesidades pero va más allá.

Por lo tanto los comunistas no buscan adoctrinar sino generar procesos de conocimiento basados en una elevación de conciencia que rompa el cerco ideológico burgués a través de un trabajo organizativo constante en los sectores populares. Es conocimiento científico y no simple y pura ideologización. Es compromiso militante entendiendo la responsabilidad que implica ello. 

1 comentario:

  1. Anónimo4/1/18 15:59

    En esos pseudo "reportajes" televisivos de dos centavos que criminalizan al antifascismo y las ideas anticapitalistas, siempre repiten esa mentira de que la gente que ya lleva una trayectoria larga en los movimientos sociales supuestamente le "lava el cerebro" a los mas jovenes para que se conviertan en militantes marxistas o anarquistas, cosa que es mentira. pero ese tipo de manipulaciones de los medios de comunicacion no nos debe extrañar ya que el trabajo de esa gentuza es convencer a la gente de que los problemas sociales no existen y que son un invento de "los extremistas anti sistema" como nos llaman,pero para dolor de esas alimañas de los medios, cada dia mas gente esta despertando y se esta dando cuenta de que hay que salir a las calles a luchar por nuestros derechos por que no vivimos en una democracia real, si no que vivimos en una dictadura de las multinacionales disfrazada de "democracia".

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